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Aloe (también llamado Agálogo o madera de Agar, o Aquilaria)

También se llama agáloco, madera de agar o calambac. Los japoneses le llaman “jinkoh” o “kyara” y en el mundo islámico se conoce como “oud”. Es la madera aromática más rara y apreciada. Es producida por varias especies de árbol del género Aquilaria. Crece en medio de las junglas de Laos, Birmania, Camboya, Malasia, Filipinas y  Borneo. Debe su nombre científico a los portugueses que recuperaron su comercio al llegar a la India en 1502 y la llamaron la madera del águila (Aquila), aunque ya en el Antiguo Testamento se cita el áloe como  ofrenda de incienso.
El origen de esta madera aromática está lleno de misterio. En su estado normal es un árbol aburrido de madera blanca, ligera y sin olor. Tras ataques de insectos o pájaros o ramas que se rompen por el viento o la lluvia, a veces empieza a segregar una resina para cauterizar la herida. Esta resina se difunde por el árbol en un proceso alquímico que dura decenas de años hasta que todo el árbol acaba impregnado y origina su inigualable aroma. La madera se vuelve oscura y tan pesada que no flota en el agua. Por eso en Japón se llama « jinkoh »: madera que se hunde. La fragancia del aloe es profunda, rica y terrenal. Algo dulce y, a la vez, con un punto balsámico. Su fragancia resuena en las profundidades del alma. Cuesta más que el oro y es mucho más preciosa.

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